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日志


5月27日

Esa mujer

Soy esa mujer, la que no amas. El seno desnudo
de tu agónica luz, el enjambre prendido de tus ramas, el cristal
que sueña tu mirada.
 
Soy esa mujer, la que no amas. Breña, mata, punzante
jarra, calle muda por donde no se escuchan tus pasos y
cuerpo desnudo para el eclipse de tus ojos.
 
Soy esa mujer, la que te toca demente.
Mil veces presa de ti en la delgadez del agua.
Pecho en fiebre que ambiciona tus besos, solo, adusto,
hecho témpano ardiente.
 
Soy el anhelo inseguro que te acecha, la palabra que se
deslíe de tus labios húmedos en la niebla.
 
Soy esa mujer, la que espera, y sigue la ruta de tus
manos, tu cuello, tu voz y tus caminos. La que guarda
tu pasión, desafiando el escollo y la calma, olvidando
tu incansable deseo de volar, y ser en mí agua
al trasluz, y cielo de mi costa.
 
Soy esa mujer, espacio inmenso, torrente en tu valle,
murmullo de tu ráfaga, latido en el infinito,
firme y deslumbrante. Esa que siembra los surcos y su orgullo
entre las flores.
Y tú... hombre: pena y alegría, que no aprendes que después
será demasiado tarde.
 
 
5月22日

Vestirme con tu voz.

Te diré, con susurros al oído...
... que hoy no hablaré yo. Para oír el quejido de tu garganta, y formar senderos serpenteantes entre los gemidos. Para sentir el vibratto de tu pecho, y danzar con el pulso de tu ombligo. Hoy enmudeceré, sí, para que tu sonido me atraviese y me recorra, anulando los sentidos.
Hoy quiero tu grito, para languidecer en la crisálida que retumbe en mis oídos. Háblame, para que pueda acallar los miedos abrigada en tus suspiros. Dame palabras para deslizar entre tus hilos de saliva y los míos.
 
Hoy callaré, para reencontrar mi propia voz, más tarde, entre los pliegues de tu boca.
 
... Sin susurros.
5月17日

Eres.

XII
...Pero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No... no estoy sola. Hay una mariposa aquí que tiembla.
 
 
A ti, lunática.
Gracias por ser, estar, existir.
¡Benditos los hados que te trajeron a la morada de la súcubo!
... Mil besos en el alma, almita afín.
5月11日

Yo confieso...

Perdóname, Padre, porque he pecado.
En vano he pronunciado tu nombre por el omnisciente brillo de su mirada.
Perdóname, Padre, porque rendí pleitesía a su diabólica sonrisa,
porque le he entregado el alma y las entrañas.
Perdóname, Padre, porque he mancillado mi piel al abandono de sus manos.
Perdóname... porque ya no es tuyo mi amor sobre todas las cosas
y es su boca el altar de mis plegarias.
Perdóname, Padre, por sentir la comunión sólo al contacto de su carne.
-Mil veces mil he tratado de alejarme-
Perdóname, Padre, por santificar los días que he rozado sus labios,
y por cometer cada uno de los siete pecados capitales,
-le robaría al sol los rayos que le han iluminado-
Perdóname, Padre, porque consiento pensamientos perversos cuando sus ojos atrapan mi aliento y mi conciencia.
Perdóname, porque he mentido, y ya no quiero un Cielo sin el calor infernal de su cuerpo y de su sangre,
porque he codiciado, oh Padre... he codiciado la condena eterna si eso me mantiene clavada a la cruz de su querencia.
Perdóname, Padre...
 
 
5月5日

Éxodo

Te diré, con susurros al oído...
... que tengo una lágrima valiente, que se rebela por huir del cautiverio de mi pupila.
 
Para ir a buscarte.
 
5月1日

Instante incierto.

Ya no tengo brújula
Estoy abrazada al aire
¿Dónde se rompen los latidos? ¿Con qué se desprende este último pedazo de sueño?
Y la casa amarrada a un árbol,
amarrada al viento.
Las hojas y el suave susurro arrastrando la nostalgia...
 
4月27日

Espacio en negro

Te diré, con susurros al oído...
... que hoy me bajo del mundo. No quiero verme. Huyo de mí. Ocultaré mi sombra de miradas aviesas. Taparé mis oídos. Hoy no estaré. Esquivaré los espejos. Evito la luz, no quiero sol. Desnudo el cuerpo y el alma. Hoy no tengo ganas de ti. Coseré los labios. Me visto de oscuridad. Anularé sentidos. Acallaré tu voz. Amordazo la mente. Hoy no me busques. No soy, no estoy.

 

Hoy... me escondo de mí.

 

4月26日

Tan pequeña

 
 
 
 
 
   Soy...
         
                  la efímera sombra...
 
 
 
   de tu mirada.
 
4月25日

Aequilibrium

Te diré, con susurros al oído...
... mírame. No me hables. Tócame. No te acerques. Bésame. No te muevas. Quédate. Voy a volar. No quieras a nadie más. Rompe mi calma. No me llames. Nómbrame. Guarda silencio. Perdóname. Existe. No seas. Hazme. No expreses. Contempla. Cierra los ojos. Comprende. No pienses.
Siente.
Llora.
Tiembla.
Teme.
Respira.
 
... Vive.
 
4月22日

Como humo entre mis dedos

Te diré, con susurros al oído...
... que no sé cómo hacer para sacarte de mi piel. Cómo olvidar el sabor de tus labios si no los he besado. Cómo convencerme de que es imposible que guarde celosamente tu mirada si nunca te he mirado. Cómo echar en falta tus abrazos, si no conozco el tacto de tus manos. No sé cómo hacer para borrar tu sonrisa, si no me ha iluminado. ¿Cómo continuar andando, sin el sonido de tu voz, pese a que no la he escuchado...? Quiero saber cómo recuperar el contenido de mis sueños, cuando, hasta ayer, tú no eras el centro de mis anhelos. Cómo dejar de sentir el vértigo, cuando no nos hemos rozado. No sé... cómo... dejar de mirar a todos lados, cuando sé que aún no te he encontrado. Dime cómo controlar los latidos al pensarte, si todavía no tengo tatuados en mis pupilas los contornos de tu cuerpo.
Ayúdame a... arrancarme la piel, ¡las tripas, los huesos!
O abandona, de una vez, el reino de mis sueños...
... Y ven.
 
4月20日

Remedium anime requiro

Unas veces me siento
como pobre colina
y otras como montaña
de cumbres repetidas.

Unas veces me siento
como un acantilado
y en otras como un cielo
azul pero lejano.

A veces uno es
manantial entre rocas
y otras veces un árbol
con las últimas hojas.
Pero hoy me siento apenas
como laguna insomne
con un embarcadero
ya sin embarcaciones
una laguna verde
inmóvil y paciente
conforme con sus algas
sus musgos y sus peces,
serena en mi confianza
confiando en que una tarde
te acerques y te mires,
te mires al mirarme.

4月19日

Si tú me dejas

Te diré, con susurros al oído...
... cúbreme con tu voz. Vísteme de hierba. Ahógame de aire.

Te ofrezco, a cambio, girar las agujas del reloj al ritmo de mis latidos, llenar tus ojos de fuego, viento y escarcha. Hacerte caer en espiral, con el mundo del revés. Aprender el lenguaje del rocío, matarte de vida, descansar en el estrecho hueco de mis manos, volar sin despegar los pies del suelo, inventar nuevos diccionarios, arrancar hojas del calendario, que la Soledad sea un parque de atracciones y la Pasión la sed que apagues con mi boca. Mataremos dragones, burlaré al Minotauro para dormir en el centro del laberinto. Robaré la barca a Caronte, con el Hades a tus pies. Jugaremos al escondite con Urd, Verdandi y Skuld. Te haré principios sin tener final, te daré oscuridad, para mostrarte el poder de tu luz, tejeré palabras de amor -para ti- en el silencio. Será tu patria el símbolo del infinito.
 
Si te dejas...
 
4月17日

Lienzo en blanco.

Te diré, con susurros al oído...
... dibuja sobre mi piel tus huellas dactilares, esboza mis curvas con el color de tus labios, escribe con la tinta de las lágrimas los márgenes de mi cuerpo y no dejes un sólo pliegue sin leer. Tatúa en mi vientre la entrada a tu hogar, retrata tu aliento en el tembloroso arco de mi cuello y traza la huida de tu pena a lo largo de mi espalda. Perfila el mar en mis costillas, haz de mis muslos un cielo abierto, y muerde la flor que has pintado en mi mejilla.
Hoy me regalo, como un lienzo en blanco...
 
4月14日

Le ridicule

¿En qué juego de tus frases...

 en qué humillante silencio has puesto el oído?

 

4月12日

Amnesia

Te diré, con susurros al oído...
... que por más que lo intento, no recuerdo tus defectos.
 
4月9日

Prisionera de la torre

Una blancura que fría se estremece,
y una brisa suave, y quejumbrosa, recorre esa ola que se mece,
y a Camelot, desciende temblorosa.
 
Cuatro murallas grises
cuatro estandartes
cuatro torres que esculpen en el cielo
el desgarrado llanto de las flores
y a la Dama de Shalott
el silencio cubre como un velo.
 
Luz trémula que bajo el cielo muere
y susurra a la Dama de Shalott
mientras sus recuerdos teje
en un paño de alegre color.
 
Ella teje de noche y de día
un mágico paño de alegre color
mientras escucha una voz que le susurra
que sobre ella caerá una maldición
si mira hacia Camelot...
 
Ella ignora esa voz maldita
y sigue tejiendo sin cesar
aunque agoniza de dolor
... la Dama de Shalott.
 
 
4月8日

Sin mirar atrás

Te diré, con susurros al oído...
... que vuelve la rabia, el deseo de romper cadenas, deshacer nudos, gritar, correr en busca de un horizonte que siempre, siempre, quede lejos, para seguir corriendo. Tocar, oler, oír, ver... saborear tu saliva mezclada con la mía.
 
Sigo esperando.
 
... Sácame de aquí. 
 
4月7日

Nuevos propósitos I

Te diré, con susurros al oído...
... que hoy he decidido llamar a todas las cosas por tu nombre...
 
 
 
4月5日

Caricias de luz.

Te diré, con susurros al oído...
... que hoy te narraré una historia, para sentir la sangre hervir bajo tu piel,  mientras busco tu calor y la sensualidad de las imágenes tiñen nuestras miradas de reconocimiento animal. Déjate llevar...
 
"[...] Presionó los labios contra mi cuello sin llegar a besarme. El contacto de sus labios me hizo temblar y consiguió que me arqueara en su regazo. Tomó aliento, me rodeó la cintura con las manos y luego las caderas. Susurró mi nombre sobre mi piel. Sentí su respiración cálida e impetuosa, sentí cómo sus dedos se hundían en mis muslos, en mi cintura. Había tanta fuerza en sus manos, ejercían tanta presión, que parecía como si con un pequeño esfuerzo pudiera sumergir los dedos dentro de mi cuerpo y sacarme la sangre y la carne, pelarme como si fuera una fruta madura.
Me levantó y me lanzó sobre la cama. Creí que entonces iba a presionar su cuerpo contra el mío, pero no lo hizo.
Se puso a cuatro patas y se situó sobre mí. Se había pasado todo el pelo por encima de uno de los hombros, de forma que la parte superior desnuda de su cuerpo quedaba expuesta a la luz. La piel le brillaba como ébano pulido. Respiraba profunda y rápidamente, haciendo que el anillo del pezón bailara encima de mí.
Levanté la mano para tocarlo, jugué con los dedos en ese pedazo de plata y Doyle emitió un sonido, procedente de lo más profundo de su cuerpo, que crecía, un gruñido como si se tratara de una enorme bestia, que producía un eco en ese enorme y musculoso cuerpo. Estaba a cuatro patas sobre mí y entreabrió los labios. Relucían los dientes mientras emitía ese sonido profundo, que atravesaba sus dientes como un aviso.
Se me aceleró el pulso. Se acercó a la cara y gruñó:
 
-¡Corre!
 
Le miré con sorpresa.
Echó hacia atrás la cabeza y aulló, resonando como un eco en la pequeña habitación. Se me puso el pelo de punta y, durante un segundo, dejé de respirar.  Reconocí el sonido como el claro y diabólico rugido de las Jaurías de Gabriel, los perros oscuros de la caza salvaje. Con su rostro a escasos centímetros de mí, volvió a gruñir:
 
-¡Corre!
 
Me escabullí de donde estaba, y él me miró con esos ojos oscuros, con el cuerpo inmóvil pero tan tenso que parecía temblar con la promesa de alguna acción violenta, violencia contenida, retenida, refrenada, reprimida.
Había rodado por el colchón hacia el lado equivocado. Me encontraba atrapada entre la ventana y la cama. La puerta estaba al otro lado, detrás de Doyle.
La voz luchaba por salir entre los dientes cerrados con fuerza.
 
-¡No... estás... corriendo!
 
Justo después de pronunciar la última palabra, se abalanzó sobre mí a cuatro patas como una mancha negra. Salté en el borde de la cama, rodé y fui a parar al suelo, frente a la puerta de salida. Me puse en pie, con una mano sobre el pomo de la puerta, cuando su cuerpo chocó contra el mío. La puerta tembló y mi cuerpo se magulló con la violencia del golpe. Me quitó bruscamente la mano del pomo y no pude resistirme a su fuerza.
Grité.
Me empujó lejos de la puerta y me tiró sobre la cama, con la parte inferior de su cuerpo haciendo presión sobre el mío.
La sensación de Doyle ejerciendo tanta fuerza contra mí y con el miembro erecto me excitaba, incluso la promesa de violencia, pero sólo si era una promesa, un juego.
Las manos agarradas a mis caderas temblaban, todo su cuerpo se sacudía con el esfuerzo. Le toqué la cara con cuidado. Se estremeció y me observó. Su mirada resultaba muy poco humana. Era una pantera, preciosa, impávida, hambrienta.
 
-¿Nos lo estamos pasando bien, Doyle, o vas a comerme? -pregunté con una voz firme, segura.
 
Me miró con sorpresa. Le estaba pidiendo que pensara demasiado. Había dejado salir una parte de él que casi nunca dejaba libre.
Realizó un movimiento con las piernas que consiguió presionarme más contra él. Volví a gritar.
 
-¿Es esto lo que quieres? -Su voz era casi normal. Entrecortada pero casi normal.
 
Respiré profundamente.
 
-Sí.
 
-¿Es esto lo que quieres...?
 
Me estaba dando una última oportunidad para decir que no. Pero su cuerpo presionaba contra el mío y sus dedos se hundían en mis muslos. Su mente me proporcionaba una salida, pero su cuerpo no.
Cerré los ojos. Todo me temblaba.  Gruñía, no dejaba de gruñir.
 
-¿Es esto lo que quieres?
 
-Sí, es lo que quiero.
 
Una de sus manos subió por mis muslos hasta llegar al borde de las bragas. La seda produjo un ruido mojado al rasgarse. Mi cuerpo se estremeció cuando noté la presión del áspero tejido de sus pantalones contra mi piel desnuda.
Se desabrochó el cinturón, el botón del pantalón, se bajó la cremallera, y dejó caer los pantalones. Deslizó un dedo dentro de mí. Cuando comprobó que estaba húmeda y abierta, se introdujo en mi interior. Sentí que me llenaban, cada centímetro de mi cuerpo, y me contorsioné debajo de él, simplemente notando esa parte de él dentro de mí.
Se separaba y salía, para luego volver a embestir y entrar, y empezaron a llegar las olas de placer.
Mi piel brillaba como si me hubiera tragado la luna, y su piel oscura brilló en respuesta.
Me hundí en su brillo oscuro mientras le engullía mi resplandor blanco, y en algún lugar, hizo que gritara, gritara y gritara, que me ahogara en un placer tan intenso que dolía.
Le oí aullar.
Recuperé la conciencia con Doyle desplomado sobre mí, respirando pausadamente, y con la espléndida espalda cubierta de sangre y sudor. Levanté las manos y vi que también había sangre en mi blanca piel. Le había arañado la espalda. Pero nada podía doler demasiado, no con él todavía dentro de mí, mientras ambos volvíamos a aprender a respirar, a vivir dentro de nuestros propios cuerpos.
 [...]"
 
4月2日

Mientes tan bien...

Desdémona: ¡Celos! ¿Le he dado yo algún motivo?
 
Emilia: Los celos no se satisfacen con esa respuesta; no necesitan ningún motivo. Son celosos porque lo son. Los celos son monstruos que nacen y se alimentan de sí mismos.
 
Acto tercero, escena cuarta de Otelo, de William Shakespeare.